El cepillo dental es tu principal herramienta para mantener una buena salud bucal, pero ¿sabías que su efectividad depende en gran parte de cómo lo cuidas? Un cepillo mal almacenado o usado por demasiado tiempo puede acumular bacterias y perder su capacidad de limpieza.
Según la Asociación Dental Americana, deberías cambiar tu cepillo dental cada 3 meses, o antes si las cerdas están visiblemente desgastadas, si has tenido un resfriado o una enfermedad infecciosa.
En el caso de los cepillos eléctricos, sus cabezales también deben reemplazarse con la misma frecuencia. Un dato curioso: un cepillo con cerdas deformadas puede perder hasta un 60% de su eficacia para eliminar la placa.
Después del cepillado dental, es muy importante enjuagar tu cepillo con abundante agua asegurándote que las cerdas queden sin espuma, sacude el exceso de agua y guárdalo.
La forma en la que guardas el cepillo también importa. Debe mantenerse en posición vertical, en un vaso o soporte, y sin mantener contacto directo con otros cepillos de la casa, ya que se puede generar una contaminación cruzada.
Te recomendamos almacenar tu cepillo dental en un lugar seco y ventilado pero alejado de la zona de la taza de baño. Si decides almacenarlo en un neceser o un cajón cerrado, recuerda que debes secar bien tu cepillo antes de hacerlo.
Los cepillos Foramen, tanto manuales como eléctricos, están diseñados con materiales de alta calidad que aseguran un buen desempeño durante toda su vida útil. Pero incluso el mejor cepillo necesita ser reemplazado a tiempo para seguir cuidando tu sonrisa como se merece.