En la lactancia hay un proceso natural que ocurre en tu cuerpo y que es verdaderamente asombroso: la composición de la leche no es fija, sino que se transforma de acuerdo con lo que tú bebé necesita en cada momento del día.
A continuación, te contamos cómo ocurre este proceso en dos situaciones muy comunes del día a día.
Se adapta a los días de calor
Seguramente has notado que cuando hace calor, tú sientes más sed y a tu bebé le pasa exactamente lo mismo.
En los días calurosos, tu cuerpo reacciona de inmediato haciendo que la leche sea mucho más líquida y ligera al inicio de la toma. Esto sucede porque aumenta su contenido de agua de forma natural, garantizando que el pequeño reciba el líquido necesario para mantenerse fresco y bien hidratado.
Responde si tu bebé se enferma
El vínculo materno es tan estrecho que incluso la saliva de tu bebé le da señales a tu cuerpo. Si tu pequeño se contagia de algún virus o empieza a sentirse mal, tu organismo detecta esa alerta y comienza a producir anticuerpos específicos a través de la leche.
De esta manera, cambia para entregarle las defensas exactas que le ayudarán a combatir ese malestar y a recuperarse mucho más rápido.
El cuidado continúa en cada cambio de pañal
La lactancia acompaña a tu bebé desde adentro, mientras que una rutina adecuada de higiene ayuda a cuidarlo y mantenerlo cómodo por fuera.
Para complementar ese bienestar, el Kit de Higiene Pompiglos reúne los productos esenciales para cada cambio de pañal: pañales Babú con tecnología absorbente, pañitos premium con aloe vera y vitamina E, y pomada que ayuda a proteger su piel y prevenir las escaldaduras.
Porque cuidar a tu bebé también está en esos pequeños momentos que se repiten todos los días.