El estrés y los desafíos de la disfunción eréctil 

Vamos al grano: cuando “el amigo” no responde, la cabeza te está jugando una mala pasada, y el culpable número uno suele ser el jodido estrés. No te preocupes, que no sos el único, esto le pasa a más de los que admiten. 

¿Qué onda con el estrés y la disfunción eréctil? 

Cuando estás todo quemado por el trabajo, los líos o la vida misma, tu cuerpo se resiente. No es solo que te pase por la cabeza; tu cuerpo literal se tensa. Y claro, a la hora de la verdad, el “amigo” que tiene que ponerse firme, decide tomarse vacaciones. El estrés te desbalancea las hormonas y, encima, no te deja que la sangre circule bien donde tiene que ir. Ahí es cuando te falla el sistema. 

¿Sabes qué es lo peor? Que cuando te pasa una vez, te empiezas a rayar la cabeza pensando que te va a volver a pasar. Y pum, entra la ansiedad en el chat, y adiviná qué: pasa de nuevo. Es como una bola de nieve que te aplasta, y más te preocupas,  

¿Cómo salís de este ciclo del demonio? 

La clave es dejar de comerte la cabeza y, obvio, hacer algo al respecto. Acá te lanzo unas ideas para salir del pozo: 

  • Aprende a calmarte un rato: Lo de respirar hondo y esas cosas de meditación suenan medio hippies, pero en serio que te ayudan a aflojar. Prueba un par de veces y vas a ver que te despejan la cabeza. 
  • Ponte las pilas con el ejercicio: Moverte un poco siempre ayuda. Aparte de sacarte el estrés, mejora la circulación y eso se traduce en mejores «resultados», ¿me entiendes? 
  • No te calles: Ve al médico. Este es uno de esos problemas que se pueden tratar, ¡pero hay que animarse! 

Si el cuerpo te está fallando en la cama por el estrés, no te hagas el fuerte de no decir nada. Ir al médico es clave. El doc. te puede ayudar no solo a levantar esa cuestión, sino también a dejar de hacerte tanto drama por el estrés. A veces es solo cuestión de ajustar un par de cosas y chau problema. 

La disfunción eréctil y el estrés son como esos compañeros tóxicos que se juntan para arruinarte la fiesta. Pero no tienes porqué aguantarlo. Si te está molestando, háblalo, busca ayuda y sácate la mochila de encima. Así, el “amigo” vuelve a la acción como si nada.