“Mamá, me duele todo”
Cuando un niño dice que le duele todo, puede ser difícil saber exactamente qué está sintiendo. A veces se trata de un malestar general asociado a un cuadro infeccioso, cansancio o esfuerzo físico. Otras veces, el niño puede estar describiendo de manera general una molestia que todavía no sabe localizar.
Por eso, antes de pensar en lo peor, lo importante es observar, preguntar y prestar atención a otros síntomas.
Empieza por hacer las preguntas correctas
En lugar de quedarse únicamente con un “me duele todo”, puedes preguntarle:
¿Dónde te duele más?
¿Te duele todo el tiempo o por momentos?
¿Desde cuándo te sientes así?
¿Te duele más cuando te mueves?
¿Tienes fiebre, tos, dolor de garganta u otros síntomas?
Sus respuestas pueden ayudar a identificar mejor qué está pasando.
Cuando el malestar viene acompañado de fiebre
Algunas infecciones pueden producir fiebre y sensación de malestar general, haciendo que el niño perciba dolores musculares o corporales.
En estos casos, además de observar su evolución, es importante procurar que descanse y se mantenga bien hidratado.
Si presenta fiebre junto con dificultad para respirar, somnolencia inusual, rigidez de cuello, dolor intenso, deshidratación, sarpullido preocupante o cualquier síntoma que genere alarma, se debe buscar atención médica.
¿Y si le duele después de jugar o hacer deporte?
No siempre hay una enfermedad detrás del dolor.
Después de un día de mucha actividad física, juegos o deporte, un niño puede presentar molestias musculares, especialmente si realizó un esfuerzo al que no estaba acostumbrado.
El descanso y la observación pueden ayudar a determinar si se trata de una molestia pasajera. Si el dolor es intenso, persiste o limita sus actividades habituales, es recomendable consultar con un profesional de salud.
Cuando el dolor necesita más atención
Hay situaciones en las que no conviene simplemente esperar a que pase.
Consulta con un profesional si el dolor es intenso, recurrente, empeora, dura más de lo esperado o interfiere con actividades como caminar, dormir, comer o jugar.
También es importante prestar atención si aparece junto con fiebre persistente, pérdida de peso sin explicación, debilidad marcada u otros síntomas que no son habituales en el niño.
NODOL Pediátrico: una opción para el alivio
Cuando el niño presenta dolor o fiebre, y el profesional de salud o la información del producto indican que corresponde utilizar ibuprofeno, NODOL Pediátrico puede utilizarse para el alivio del dolor y la reducción de la fiebre.
Su presentación líquida está pensada para facilitar la administración en niños, con sabor a naranja.
Como con cualquier medicamento, es importante seguir las indicaciones de uso.
Escuchar también es cuidar
Cuando un niño dice “me duele todo”, no siempre puede explicar con precisión qué le pasa. Por eso, escucharlo, observar sus síntomas y acompañar su evolución es parte fundamental de su cuidado.
No se trata de alarmarse ante cada dolor, sino de aprender a reconocer cuándo es un malestar pasajero y cuándo necesita atención.