Hay hombres que creen que mientras más atentos, disponibles y correctos sean, mejores resultados van a tener con las mujeres. Escuchan todo, aceptan todo, se adaptan a todo y evitan cualquier tipo de conflicto.
Y aun así, las cosas no funcionan.
Porque ser complaciente no genera atracción, genera costumbre. Te vuelves predecible, fácil de leer y, en muchos casos, fácil de ignorar. No porque seas una mala persona, sino porque no hay nada que realmente destaque.
El problema no es ser “bueno”. El problema es desaparecer en el intento de agradar.
Cuando alguien no tiene límites, no marca posición y siempre está disponible, deja de proyectar seguridad. Y sin eso, es difícil que exista interés real.
No se trata de volverse alguien frío o distante. Se trata de entender que tener criterio, decir que no cuando hace falta y no adaptarte a todo también forma parte de tu valor.
Porque al final, no es el que más da el que gana, es el que sabe cuándo hacerlo y cuándo no.