Sopa de pollo para el resfrío: ¿tradición o ciencia? 

Cuando aparece el resfrío, hay un remedio que parece estar presente en casi todas las familias: una buena sopa de pollo.  

Pero ¿es solo una tradición de nuestras abuelas o realmente puede ayudarnos a sentirnos mejor? 

La respuesta está en un punto medio: la sopa de pollo no cura el resfrío, pero puede ser una buena aliada para hacer más llevaderos algunos de sus síntomas. 

¿Qué tiene de especial la sopa de pollo? 

Una sopa caliente aporta líquidos, algo importante mientras estamos resfriados. Además, consumir alimentos y bebidas calientes puede resultar reconfortante y ayudar temporalmente con la sensación de congestión. 

El pollo, por su parte, aporta proteínas y otros nutrientes que forman parte de una alimentación equilibrada. 

Y hay otro detalle: el calor y el vapor de una sopa recién preparada pueden generar una sensación agradable en las vías respiratorias. No es una “cura de abuela”, pero sí una forma sencilla de acompañar el bienestar mientras el organismo se recupera. 

Entonces… ¿la abuela tenía razón? 

En parte, sí. La sopa puede contribuir al confort y a la hidratación, pero no elimina el virus que causa el resfrío. 

Por eso, además de descansar y mantener una buena hidratación, cuando los síntomas resultan molestos podemos recurrir a opciones destinadas a su alivio. 

Un aliado para el día y la noche 

Sanatusin Active Día contiene paracetamol, noscapina, cafeína y vitamina C. Está indicado para el tratamiento sintomático del resfrío común. El paracetamol ayuda a aliviar el dolor y reducir la fiebre, mientras que la noscapina actúa como antitusivo. 

Para la noche, Sanatusin Active Noche incorpora además clorfenamina. Esta fórmula está indicada para el tratamiento sintomático del resfrío común mientras ayuda a dormir mejor. 

Tradición + cuidados 

La sopa de pollo no es una cura milagrosa, pero tampoco es solo una tradición sin sentido. Es una forma sencilla de hidratarte, alimentarte y disfrutar de algo caliente mientras atraviesas un resfrío. 

Porque algunas recetas de la abuela no necesitan ser milagrosas para hacernos sentir un poquito mejor.