Seguro te ha pasado que un día te quieres comer el mundo y, al día siguiente, sientes una irritabilidad tan densa que ni tú misma te aguantas. Lo primero que piensas es ¿Qué me pasa? ¿Estoy exagerando?
Queremos que leas esto fuerte y claro: No estás loca, no eres una exagerada y tus emociones no son una invención. Lo que estás experimentando es una respuesta física real de tu cuerpo a una montaña rusa hormonal.
El bajón es real
Durante la fase lútea (los días previos y los primeros días de tu periodo), tus hormonas experimentan una caída libre. Los niveles de estrógeno y progesterona caen en picada. Científicamente, se ha demostrado que este descenso interfiere directamente con la producción de serotonina (el neurotransmisor de la felicidad) y dopamina (el de la motivación).
A esto le sumamos los cambios físicos que saturan a tu sistema nervioso:
- La inflamación y los cólicos: El dolor físico consume muchísima energía mental, es agotador estar de buen humor cuando tu útero se está contrayendo.
- El cansancio extremo: La caída de progesterona altera tus ciclos de sueño, lo que te hace sentir fatigada y con la «neblina mental» a mil.
- La retención de líquidos: Sentirte hinchada afecta directamente la percepción de tu cuerpo, sumando una capa de incomodidad emocional.
Valida lo que sientes
Tu cuerpo está haciendo un trabajo biológico gigante, por lo que si esos días necesitas cancelar un plan, dormir una hora más, llorar sin motivo aparente o simplemente estar en silencio, hazlo sin culpa. No tienes que ser una máquina de productividad 24/7.
Tip Actifem: Cuando sientas que la tormenta emocional te gana, dale un respiro a tu cuerpo. Una cápsula blanda para apagar el dolor rápido, sumada al calorcito de la compresa en tu vientre, disminuye la señal de dolor que recibe tu cerebro.
Al aliviar el malestar de tu cuerpo, le das paz a tu mente.